Reflexiones ante el bullying....
bullying , experiencias , familia , salud
BULLYING
“Mal social que se masifica rápidamente en todo el mundo. Se trata de una situación de indefensión, una violencia prolongada, que se repite consistentemente. Puede ser un maltrato físico o verbal que proviene de un individuo o de un grupo y está dirigido a una persona que se transforma en víctima al no poder evadirlo. Por ejemplo, golpear a un compañero o compañera, hacerle burlas o bromas pesadas, ignorarle, no hacerle caso o apartarle.”
En las últimas semanas nos hemos visto desagradablemente sorprendidos, por decir lo menos, ante los suicidios y agresiones cuyas víctimas son niños y niñas, específicamente escolares, esto es que el daño se produce en o por en el colegio. Más dramático es cuando los victimarios son sus pares, es decir, niños también ¿cómo imaginarse que un grupo de chiquillos de 5to básico puedan golpear a un compañero hasta mandarlo al hospital? ¿cómo imaginarnos que niñas de 13 años son capaces de disfrutar humillando a una compañera sistemáticamente hasta conducirla al suicidio? ¿Dónde están los adultos cuando estas actitudes surgen en nuestros niños?, ¿los padres?, ¿los profesores?, ¿alguien?...
No puedo evitar mirar hacia atrás y repetirme por n-esima vez que cuando yo era chica no pasaban estas cosas, que en mi casa había una estricta disciplina (a mi modo de ver MUY estricta), que los recursos y posibilidades eran menos, y sin embargo nadie se traumaba… De todas maneras, tratando de ser mejores padres educamos a nuestros hijos de manera distinta, y algo de lo que les ofrecemos con esfuerzo y alegría está mal, algo que nosotros no tuvimos o vivimos se les esta entregando a nuestros hijos que los pone en este escenario de violencia, algo que seguramente juramos que esta bien… ¿qué podrá ser?
Pienso que esta violencia capaz de generarse en seres tan pequeños no es genético, ni una enfermedad, es provocada por el ambiente (incluyendo la familia y el colegio), por todo a lo que están expuestos en esta época ya sea en nuestra casa y en su colegio, donde nuestros hijos viven la mayor cantidad de horas al día.
Mis dudas son grandes, ya me tocó vivir la depresión de mi hija Francisca (10 años) este año. Estuvimos un mes llevándola a especialistas, haciéndoles exámenes, buscando algo tangible, físico que con darle remedios podríamos solucionar. Un mes estuvo mi pequeña con dolores fuertes, adelgazando rápidamente, sin ir a clases jamás, sin querer ver a nadie, llorando, inapetente, sombría… Hasta que alguien atinó que su mal no era físico y se le hizo el tratamiento adecuado… Una niña de 10 años con depresión, una niña amada por su familia, querida por sus compañeros y profesores, linda e inteligente, ¿dónde estaba yo y Leonardo cuando esto comenzó?... porque una depresión no es de un día para otro, el cuerpo de Francisca se desplomó para avisarnos de lo que tenía, gracias a Dios…
Mi miedo es grande, ¿y si me pasara lo mismo con el bullying? ¿si mis hijas empezarán a ser victimas o victimarias entre sus compañeros? ¿Nos daremos cuenta a tiempo? ¿o como con la depresión, cuándo el daño hecho ya está hecho?...
“Mal social que se masifica rápidamente en todo el mundo. Se trata de una situación de indefensión, una violencia prolongada, que se repite consistentemente. Puede ser un maltrato físico o verbal que proviene de un individuo o de un grupo y está dirigido a una persona que se transforma en víctima al no poder evadirlo. Por ejemplo, golpear a un compañero o compañera, hacerle burlas o bromas pesadas, ignorarle, no hacerle caso o apartarle.”
En las últimas semanas nos hemos visto desagradablemente sorprendidos, por decir lo menos, ante los suicidios y agresiones cuyas víctimas son niños y niñas, específicamente escolares, esto es que el daño se produce en o por en el colegio. Más dramático es cuando los victimarios son sus pares, es decir, niños también ¿cómo imaginarse que un grupo de chiquillos de 5to básico puedan golpear a un compañero hasta mandarlo al hospital? ¿cómo imaginarnos que niñas de 13 años son capaces de disfrutar humillando a una compañera sistemáticamente hasta conducirla al suicidio? ¿Dónde están los adultos cuando estas actitudes surgen en nuestros niños?, ¿los padres?, ¿los profesores?, ¿alguien?...
No puedo evitar mirar hacia atrás y repetirme por n-esima vez que cuando yo era chica no pasaban estas cosas, que en mi casa había una estricta disciplina (a mi modo de ver MUY estricta), que los recursos y posibilidades eran menos, y sin embargo nadie se traumaba… De todas maneras, tratando de ser mejores padres educamos a nuestros hijos de manera distinta, y algo de lo que les ofrecemos con esfuerzo y alegría está mal, algo que nosotros no tuvimos o vivimos se les esta entregando a nuestros hijos que los pone en este escenario de violencia, algo que seguramente juramos que esta bien… ¿qué podrá ser?
Pienso que esta violencia capaz de generarse en seres tan pequeños no es genético, ni una enfermedad, es provocada por el ambiente (incluyendo la familia y el colegio), por todo a lo que están expuestos en esta época ya sea en nuestra casa y en su colegio, donde nuestros hijos viven la mayor cantidad de horas al día.
Mis dudas son grandes, ya me tocó vivir la depresión de mi hija Francisca (10 años) este año. Estuvimos un mes llevándola a especialistas, haciéndoles exámenes, buscando algo tangible, físico que con darle remedios podríamos solucionar. Un mes estuvo mi pequeña con dolores fuertes, adelgazando rápidamente, sin ir a clases jamás, sin querer ver a nadie, llorando, inapetente, sombría… Hasta que alguien atinó que su mal no era físico y se le hizo el tratamiento adecuado… Una niña de 10 años con depresión, una niña amada por su familia, querida por sus compañeros y profesores, linda e inteligente, ¿dónde estaba yo y Leonardo cuando esto comenzó?... porque una depresión no es de un día para otro, el cuerpo de Francisca se desplomó para avisarnos de lo que tenía, gracias a Dios…
Mi miedo es grande, ¿y si me pasara lo mismo con el bullying? ¿si mis hijas empezarán a ser victimas o victimarias entre sus compañeros? ¿Nos daremos cuenta a tiempo? ¿o como con la depresión, cuándo el daño hecho ya está hecho?...






Control sano y el pediatra dice “ uyyy está pasadita en kilos”, indica nada de golosinas, ni bebidas, ni frituras, etc, etc, etc.... vuelta a casa, silencio y caras largas.
La mayoría de los padres y madres reconocen gritar a sus hijos con más frecuencia y con más intensidad de lo que quisieran.La verdad es que en el relato se ven levemente arre-pentidos(as), y justifican estos gritos excesivos ante la imposibilidad de encontrar otro medio más eficaz, según ellos, para conseguir cambiar la conducta infantil. Mañas y pataletas, cuando son niños, o bien las llegadas tarde cuando ya son adolescentes.¿Qué se pretende cuando se grita? Se pretende, sin duda, que el niño no vuelva a cometer la falta que ha motivado la ira de los padres. Sin embargo, en los niños pequeños tiene el efecto de que en el futuro el niño cesará la conducta sólo cuando la furia de sus padres ha alcanzado un nivel que es muy nocivo para la relación.El niño aprende a obedecer sólo cuando los padres están descontrolados. Así, él obedece desde el miedo, pero no desde el raciocinio.Los padres en descontrol pierden autoridad, aún cuando conservan poder. El poder del terror, pero ningún padre quiere que su hijo le tenga miedo. Sin duda, quiere que aprenda razonando, lo que es más largo, pero más seguro. No crean que no entiendo que algunas acciones, especialmente las faltas reiteradas, producen rabia e impotencia. Muchas veces los niños también operan desde el descontrol. Unos lápices nuevos son una invitación casi irresistible para que rayen una pared.¿Por qué él va a controlar sus ganas de pintar la pared, si el padre no logra controlar la violencia en su contra? Ciertamente, cuando usted se equivoca no le parecería lógico que su jefe le gritara en forma destemplada. Si lo hiciera, usted lo acusaría de maltrato.Con los niños no es diferente, estoy consciente de lo difícil que es el autocontrol, cuando algunos niños llevan la situación al extremo, y lo fácil que es caer en conductas violentas con los niños, aunque en nuestro fuero interno nos parecen inaceptables.Buscar calmarse desafortunadamente parece ser la única solución. Verbalizarle al niño que se está muy molesto(a) y que iremos a reflexionar porque lo que hizo no está bien. Es bueno decirle que se conversará más tarde, cuando estén calmados, acerca de cómo reparar lo que ha hecho y cómo puede evitar que se vuelva a repetir la falta.Así, además de tener tiempo para que usted logre calmarse, el niño aprenderá por modelo a reflexionar.Aunque difícil, el autocontrol de los padres es una virtud indispensable para educar a los hijos. Y no crea que no entiendo sus ganas de gritar cuando se siente superado por la desobediencia de su hijo, pero entenderlo no me autoriza a validar la falta de autocontrol suyo.








